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por Nathaly Sepúlveda Dicen que las personas tenemos un umbral, un límite entre el bien y el mal, y es por ello que Dios nos ha dado la suficiente inteligencia y la virtud de tener sentimientos como para saber qué es bueno y qué es malo, qué nos conviene y qué no, qué es lo correcto y lo incorrecto, qué nos enriquece y mejora como personas y qué no, pero lamentablemente muchas personas no optan por lo mejor y denigran cada día mas la raza humana. La Iglesia tiene tres grandes desafíos: el individualismo o egoísmo, la desigualdad y la extrema pobreza. Como nos podemos dar cuenta esta última es fruto de los dos primeros ya que prácticamente todo esta relacionado. Hoy en día muchos hombres ambicionan el poder, el dinero, el lujo, la clase social, importándoles únicamente su beneficio, con lo cual se hace presente el egoísmo, acaparando todas las riquezas para ellos, ocasionando así la desigualdad en la humanidad; no hay una equidad entre nosotros, esto conlleva lógicamente a la pobreza, a la marginación, a la exclusión del mas humilde individuo de la sociedad por parte de aquellos que pertenecen a las grandes élites y abusan de su posición, dinero y poder para convertir este mundo en un infierno, en una flagelante humillación y denigración para los mas indefensos. Con el egoísmo lo que hacemos es negar a nuestro prójimo y por consiguiente negar a Dios, poniendo primero al poder y a los intereses individuales, y con la desigualdad no reconocemos la “igualdad en las diferencias.” Con esto quiero decir que todos somos iguales por ser seres humanos, creados a imagen y semejanza de y por Dios, por una energía suprema, o por como sea llamado en otras religiones, pero al fin y al cabo iguales a pesar de nuestras diferencias étnicas, raciales, sociales, religiosas y culturales. El individualismo y el no reconocer que somos una sociedad plural genera injusticias y marginación que traen consigo la pobreza, ya que unos se benefician a costa de otros o acumulan bienes sin compartirlos, cuando en realidad nos debemos dar cuenta que todas las riquezas que existen en el mundo nos pertenecen absolutamente a todos los seres humanos. Pongamos el ejemplo de un padre que tiene doce hijos, el padre les reparte a cada uno de ellos por igual sus bienes, porque son sus hijos y por ende los ama y desea que con esos bienes repartidos equitativamente puedan tener un futuro mejor, lo mismo pasa con todos nosotros. Todos al ser hijos de Dios tenemos el mismo derecho a los “bienes” que hay en nuestro mundo a las riquezas que nuestro Padre Creador nos dejó. En particular yo pienso que a pesar de que algunos cuantos sean los que descubren o tienen conocimiento sobre ciertas cosas, estos descubrimientos y los frutos de ellos deben ser compartidos con todos al igual que los bienes materiales porque son cosas que Dios dejó para nosotros sus hijos, fue El quién nos dio esa inteligencia, que algunos desarrollan más, y lo que El busca es que estas personas sean un medio para que todos los demás poseamos también esos conocimientos, sólo que muchos de estos individuos no reflexionan respecto a eso o el egoísmo y los obscuros sentimientos se apoderan de sus corazones y tienden a apoderarse de todo. Debemos tener cuenta que a pesar de que tenemos los mismos derechos para gozar por igual de todos los bienes que nuestro padre nos ha dejado, no debemos de aferrarnos a ellos ya que más importantes son los del Reino de Dios. Nuestro padre nos ha dejado una gran cantidad de hermosos y valiosos tesoros que debemos saber apreciar, hacer buen uso de ellos y compartirlos con nuestros semejantes. El cielo, el mar, las estrellas, los árboles, bosques, la inteligencia, la sabiduría en fin todo lo que la “creación” encierra, es un regalo tan preciado que nuestro Padre nos ha otorgado a todos porque todos los seres humanos somos parte también de esta maravillosa y hermosa creación realizada por un acto puro de amor de una Fuerza divina, una fuerza sin límites. Dios con su creación, nos ha dotado de todas las herramientas y materiales necesarios para construir una vida plena, llena de felicidad, está en nosotros realizarla y compartirla con los demás, al compartirla esta felicidad será mucho mas grande, y así poco a poco nuestro mundo se irá llenando de una maravillosa luz, una luz hecha de amor y prosperidad, pero eso sólo depende de nosotros, tal vez con nuestro buen ejemplo podamos aportar un poco de sentido a nuestra existencia y la de los demás y lograr así que nuestro mundo mejore cada día aunque sea un poquito. Debemos demostrar con nuestros actos que todavía hay gente buena en el mundo que se preocupa por el bienestar de toda la humanidad, que tiene ideales de un mundo mejor, sin guerras, violaciones, abusos, opresión, marginación, pobreza, contaminación, en fin tantas cosas que agobian a nuestro mundo y que cada día lo hacen caer mas bajo. Sé que es difícil luchar contra todo esto, sé que la ambición obscurece los corazones de muchos hombres que se dejan llevar por el poder, sé también que la ciencia y la tecnología son un arma de doble filo porque así como salvan, prolongan y mejoran la calidad de muchas vidas, otros sufren porque no pueden gozar de ellas debido a cuestiones económicas y porque éstas a la vez ponen en peligro eminente a la humanidad, con tantas armas químicas y modernas que crean los hombres para usarlas en sus absurdas guerras por el dominio, control y poder sobre tierras, fronteras, pozos petroleros, etc. Que ironía que la ciencia y la tecnología nos da y nos quita mucho, a pesar de todos los aportes que nos han brindado para salvaguardar vidas, también nos ha dado unos medios sin precedentes para destruir precisamente las vidas que se trata de salvaguardar, que incluye por primera vez el riesgo de extinción de toda la civilización. Como vemos encontramos muchos obstáculos en nuestro camino para cambiar nuestro mundo, pero Jesús apostó por nosotros, apostó por la vida por la justicia, es así que si realmente nos consideramos hijos de Dios o creemos en una energía suprema, cristianos o no, seamos de la religión que seamos, lo importante es que tomemos conciencia de nuestra situación y tengamos las mayores aspiraciones para un mundo mejor, debemos tener el valor para decir “¡basta!, yo no quiero un mundo así para mis hijos,” desde este preciso momento debemos ponernos a pensar en cómo superarnos como personas sobre todo en un plano espiritual y ayudar a mejorar nuestra sociedad, debemos pensar en cultivar los valores como el amor, solidaridad, justicia, respeto, etc, para que poco a poco logremos el mundo que tanto soñamos, y sirvamos de ejemplo a los demás. Como ya dije sé que con todo la lacra que existe en la humanidad es difícil, pero sé también que con buena voluntad y esfuerzo no es imposible, tal vez muchos de nosotros no tengamos muchas herramientas ahora, pero cuando seamos profesionales sí las tendremos y estaremos mas preparados para afrontar todas las adversidades, para crear conciencia de que unidos debemos luchar para que se restablezca y respete la dignidad de las personas, para lograr el mundo pacífico, honesto y justo que tanto deseamos. |
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