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por Nathaly Sepúlveda En la actualidad, cuando nos referimos a Dios es para pedir un favor, un deseo o una necesidad, muy pocas veces son para decirle gracias, salvo honrosas excepciones. Lo mas sorprendente es que pedimos cosas pero no ofrecemos cosa alguna, ni un favor ni lo mas importante que siempre pedimos ”Señor perdóname…” ¿Cómo pedir algo que no damos? Cosa muy pintoresca a la hora de hablar y pedir, sobre todo de aquellos que se dicen muy “religiosos”, ya que ven la paja en el ojo ajeno pero no la viga en su propio ojo. Hay que tomar conciencia de que a Dios no le gusta que le soben el hombro y que le digan que es lo máximo, lo que él espera de nosotros es que amemos a nuestro prójimo, hagamos justicia con nuestros semejantes, sobre todo con aquellos que mas la necesitan y aprendamos a perdonar, aunque generalmente resulte muy difícil, sabemos que somos humanos pero está en nosotros ese lado divino del perdón, como se dice “Errar es humano, perdonar es divino.” Debemos aprender de las lecciones simples pero concretas de la vida de Jesús para poder llegar a nuestro padre y ser dignos de llamarnos sus hijos. La misión y tarea que Jesús asumió fué la de ser un “ maestro de la ley ” y anunciar el “ Reino de Dios.” La ley de Jesús no es un conjunto de normas impuestas, sino son mas bien los mandamientos que deben de estar grabados en nuestros corazones. Uno de los mandamientos, que resume todo el decálogo, es : “Amarás al Señor tu Dios y al prójimo como a ti mismo.” Nuestro salvador aplicó este mandamiento durante toda su vida, pero sobre todo con los pobres, enfermos, marginados, debido a la preferencia que les tenía, ya que con ellos no había justicia, y es así que con esta preferencia él quiso restaurar la “ justicia suprema del mundo;” justicia y bienestar para todos, no solo para un sector. Jesús denunció un sistema social, político, y económico basado en el abuso y la injusticia. Cuando comenzó a anunciar el Reino de Dios lo hizo desde Galilea, una zona muy pobre, evangelizando a los pobres desde los “pobres” y no desde los poderosos, y lo mas importante es que se identificó con toda esa gente marginada y olvidada. Jesús con sus actitudes nos mostró a un Dios padre, misericordioso, que se preocupa por todos sus hijos, y así como se preocupa por los mas pobres, también se preocupa por perdonar y dar otra oportunidad a aquellos que se alejan de él y llevan una vida en pecado. El Reino que Jesús anuncia es buena noticia para los “ pobres ” porque habrá justicia y vida en abundancia para todos, no solo para unos cuantos. Es así que Jesús nos muestra que Dios siempre toma partido por los pobres, que los derechos de los pobres son los mismos que los de Dios, que si realmente queremos conocer a Dios debemos practicar la justicia con los pobres, para conocer a Dios debemos amar a nuestro prójimo, y es por eso que se afirma que “ en los rostros de los pobres deberíamos reconocer el rostro sufriente de Cristo, el Señor que nos cuestiona e interpela.” El Reino de Dios es un reino de vida, liberación, justicia y sobre todo de perdón. Jesús en cada momento de su vida practicó la justicia y el perdón sobre todo con los mas pobres porque nadie hacía justicia con ellos. Les devolvía la dignidad y los reincorporaba a la sociedad, como en el caso del pasaje que encontramos en la Biblia que nos narra sobre un hombre que padecía el mal de la lepra, en este pasaje, Jesús en un gesto de amistad, tocó a este hombre y lo curó liberándolo así de su enfermedad; en la Biblia también encontramos la historia de María Magdalena, a quien unos hombres querían apedrear. Jesús puso a cada uno de estos hombres frente a Dios en sus conciencias, y estos al darse cuenta de que también ellos habían pecado, se fueron retirando uno a uno, y es así que Jesús hace justicia con la mujer y la perdona pidiéndole que se “convierta” con este acto Jesús nos demuestra que el único capaz de juzgar es Dios y que nadie debe tomar la justicia en sus manos. Además al morir Jesús no solo nos liberó de nuestros pecados, sino que también perdonó a quienes lo mataron, reestableciendo así una nueva relación de amistad con los seres humanos dándonos otra oportunidad, y al resucitar nos demostró que finalmente la vida triunfa sobre la muerte, el pecado y la injusticia. Jesús fue coherente con lo que predicaba y con sus acciones, todos estos rasgos de su vida los encontramos en el Reino que anuncia: justicia, perdón, liberación y una vida plena. El Reino de Dios es un proyecto de vida en abundancia, de plenitud, felicidad, justicia, igualdad y perdón. Jesús nos dice que es algo que ya está entre nosotros, que debemos empezar a vivirlo y no esperarlo después de la muerte. |
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