La Cordillera Derretida
por Gabriela Mendoza Mendizábal

El aumento de la temperatura global ha provocado la reducción de varios glaciares en Bolivia, Perú y Ecuador. Esta pérdida global se ha intensificado este año, además, en Brasil.

Perú es uno de los países más afectados por los cambios climáticos en el mundo. En el departamento peruano de Ancash, el retiro del glaciar del Pastoruri parece no detenerse. Es la primera vez en diez años que, por desgracia, la cima de la cordillera, que alguna vez fue blanca –y de ahí su nombre, Cordillera Blanca-, tiene franjas de piedra descubierta. En estos últimos diez años, las nieves del Pastoruri han retrocedido en 200 metros.

Según información de expertos, todos los glaciares peruanos ubicados bajo los 5.500 metros de altura desaparecerán antes de 2015, lo que representa la mayoría de glaciares en el Perú. En sólo treinta años, el Perú ya perdió el 20% de sus nevados.

Una de las razones por las que este país andino es tan vulnerable a los cambios climáticos tiene que ver con el agua, bastante escasa e imprescindible a la vez.

En la Costa, por ejemplo, los agricultores peruanos dependen del agua derretida de los glaciares para regar sus parcelas. Además, estos glaciares serranos proveen de agua a las centrales hidroeléctricas, industrias y riego en general. Y, con la efervescente migración de la población andina y selvática a la costa la demanda por agua aumentará sin precedentes.

Pero el problema del retroceso acelerado de estos glaciares se está incrementando además en Ecuador y Bolivia.

En los últimos años los pequeños glaciares de menos de un kilómetro cuadrado en los Andes perdieron entre 80 centímetros y más de un metro de agua cada año. Ello significa que un glaciar con espesor de 10 metros desaparecería en los próximos 10 años. Los pequeños glaciares, lamentablemente, están condenados a la desaparición total.

La mala noticia es que los glaciares, a diferencia de las especies animales, no se pueden proteger. De manera que no existe ninguna acción ni tecnología que pueda corregir el deshielo de los glaciares. Un glaciar depende directamente del clima, y por esta razón es un indicador ultrasensible del mismo.

Para evitar que el desastre actual de los glaciares continúe no sólo en los Andes sino también en los Alpes y en otras partes la única solución viable es modificar el clima. Esta medida es bastante compleja, pero actualmente el clima se está calentando debido -en gran parte- a las actividades humanas, es decir: al efecto invernadero.

Por ejemplo, hay ciertas prácticas que realizan los pobladores alto andinos en países como Bolivia y Perú, como el “chaqueo”. Una costumbre que consiste en quemar todo lo que esté al paso de quien camine, en caso esté seco.

Es parte de la cultura de ciertos campesinos que queman todo lo que está seco –dañando la tierra- para encima plantar y cosechar algo nuevo.

¿Pero, qué pasará cuando se derritan los glaciares y estas corrientes de agua helada entren a los océanos? Nada calamitoso, a simple vista para el clima, pero sí un efecto inmediato sobre la desaparición del suministro de agua. La Paz, Lima y Quito van a buscar sus aguas potables al pie de los glaciares y se encontrarán con pastos y tierra seca.

Ya que, los glaciares crean un banco de biodiversidad en su entorno próximo e indirecto, al desaparecer, habrá cambios irreparables en el medio de vida. La región tendrá que decirle adiós a diversos y magníficos ecosistemas y despedirse de un ingrediente esencial para el desarrollo natural y cotidiano, el agua, hasta siempre.


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