Patentes por salud pública en el Perú
por Gabriela Mendoza Mendizábal

El Perú, al igual que otros países latinoamericanos, produce dantescas cantidades de productos de primerísima calidad. Sin embargo, conseguir plazas justas en los grandes mercados extranjeros, es bastante difícil.

Por ello, un tratado de libre intercambio comercial resulta atractivo y beneficioso para la producción nacional. Un TLC puede ser utilizado como una excelente palanca de intercambio, cuidando los intereses de los países involucrados, y fomentando el desarrollo del país.

No obstante, habría que observar y revisar el TLC ad portas con los Estados Unidos, que ya está a la vuelta de la esquina y promete mucho en bastantes sectores, pero que descuida y perjudica uno importantísimo: el Capítulo de Propiedad Intelectual, uno de los más sensibles, ya que incluye nuevas formas de protección de las patentes de medicamentos y pone en riesgo la salud de millones de peruanos. Millones de vidas.

Además de haber tenido 20 años de protección exclusiva sobre las patentes de medicamentos en el mundo (OMC), los EE.UU. están buscando ampliar los plazos de protección de las patentes -a través de segundos usos de patentes, protección de datos de prueba, entre otros-, lo que ocasionaría aún más retraso en el ingreso de las versiones genéricas de los medicamentos al mercado peruano, limitando el acceso a los medicamentos genéricos y con ello la posibilidad de garantizar el derecho a la salud de las personas en especial de los más pobres, que no pueden comprar los medicamentos de las grandes firmas.

Asimismo, los EE.UU. buscan extender qué se puede patentar (ámbito de patentabilidad), e intentan la patente de métodos terapéuticos, quirúrgicos o de diagnóstico. Lo que en la práctica constituiría la obligación de pago para la utilización de algún método médico innovador, limitando nuevamente el acceso a la salud de las personas. Esta pretensión es mucho más ofensiva ya que los EE.UU. buscan patentar plantas y animales con alguna variación genética, lo que arriesgaría los recursos bio-genéticos de nuestro país.

Para aclarar la idea del costo-perjuicio de esta medida sobre los medicamentos genéricos, se puede considerar, por ejemplo, que para cubrir el costo del tratamiento de la Meningitis bacteriana, un trabajador peruano que recibe un sueldo mínimo de poco más de cien dólares, debe trabajar casi cincuenta días, mientras que un tratamiento con medicamentos genéricos, le supondrían cinco días de trabajo.

El problema se atenúa -como es de esperarse- con enfermedades más delicadas y exigentes. El Programa de atención de VIH/Sida del Ministerio de Salud en el Perú está calculado con precios de marca original para cinco años, en alrededor de 143 millones de dólares. Con Medicamentos genéricos este mismo tratamiento costaría 53 millones de dólares, casi la tercera parte.

La salud pública está por encima de los intereses comerciales. Y, de ninguna manera, se puede limitar el derecho a la salud, restringiendo el acceso a los medicamentos genéricos.


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