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por Gabriela Mendoza Mendizábal En Latinoamérica, urge un cambio radical en el sistema educativo en aras de lograr un desarrollo. Un cambio que siga el buen ejemplo. ¿Y, por qué no el europeo? El esfuerzo de Europa, y sobre todo la más golpeada, es digno de tomar en cuenta. Un país como Irlanda, empobrecido, eminentemente agrícola y del cual poco se conocía, salvo por sus ilustres escritores James Joyce, Oscar Wilde, Samuel Beckett, George Bernard Shaw y el pintor Francis Bacon, fue recientemente nombrado como “el mejor país del mundo para vivir” por la revista The Economist. Irlanda no distaba nada de la realidad de los países latinoamericanos. Uno de sus mayores ingresos lo obtenían por las remesas que enviaban sus compatriotas que, en busca del “sueño americano”, se instalaron en Estados Unidos. Asimismo, tenía una inflación del 22%, un desempleo del 18% y una deuda externa exorbitante. Muy parecido a Sudamérica y, en muchos casos, en peor condición. Los gobernantes irlandeses, en los 80´s, destinaron grandes sumas a estimular carreras universitarias de ciencia y tecnología, con el fin de captar a las empresas más grandes de computación del mundo, y poder abastecerlas de mano de obra calificada y barata. Una década después, la cantidad de estudiantes creció un 80%, los estudiantes de carreras de ciencia y tecnología en 100% y los estudiantes de computación aumentaron de 500 a 2 mil en 5 años. Irlanda, como se le conocía hasta su hazaña económica, hoy cuenta con más de mil 100 empresas multinacionales en su territorio y exporta un tercio del total de computadoras que se venden en Europa. En el proceso, su economía creció 9% anual, el desempleo disminuyó al 4% y la pobreza absoluta al 5%. Proceso que duró sólo12 años. Un caso similar ocurre con Polonia, un país perteneciente a la parte Este de Europa, la zona más pobre de este continente, hasta hace una década. De Polonia se conocía menos excepto sus altos índices de corrupción. La ONG Transparencia Internacional publicó una lista con los 133 países más corruptos del mundo, en el cual este país ocupaba el mismo lugar con México, y con mayor corrupción que Colombia, Perú y Brasil. La relación tan estrecha que presentaron los gobernantes europeos entre el desarrollo de un país y la educación fue tomada por el resto del continente. No desecharon la enseñanza de las típicas carreras sociales como Derecho, Sociología o Comunicaciones, sino que reforzaron las carreras ligadas a la producción de tecnología como Ingeniería, Computación o Física Los países latinoamericanos seguimos compitiendo entre nosotros, mirando cuán mal le va al vecino para darnos cuenta cuánto hemos mejorado. Mientras los países europeos continúan una carrera de desarrollo sin límites ni prejuicios idealistas. Los europeos no sólo se limitaron a inclinar la educación al sector económico para desarrollar el crecimiento de sus países, sino que se preocuparon de tener la mejor educación del mundo. El suplemento educativo del periódico británico The Times publicó una lista de las 200 mejores universidades del mundo en la que sólo aparecía una universidad de Latinoamérica, y ésta entre los últimos lugares. Sólo 5 universidades latinas figuran dentro del ranking de 500 en el mundo, esto es un claro ejemplo del estado de coma que atraviesa la educación, la cual recibimos más de 450 millones de habitantes latinos. La analogía que existe, y planteó el sistema europeo entre la educación y el desarrollo es un ejemplo para que muchos gobernantes den un giro de 180 grados a fin de atender a este sector al que tan poca importancia se le ha dado, sobre todo, en los últimos veinte años en América Latina. |
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