Suicidio Colectivo
por Melissa Cosmópolis


Los seres humanos hemos vivido desde los inicios de nuestra evolución, con la creencia de que somos seres superiores y dominantes. Hemos abusado enormemente de los dones de inteligencia y habilidad que se nos han proporcionado, destruyendo poco a poco todo aquello que nos ha rodeado para convertirlo en un mundo donde nos sintamos cómodos y donde seamos los dueños de las cosas.

Desde que el hombre se volvió un personaje sedentario se ha dispuesto a crear propiedad privada y pública, creación humana y natural. Tenemos la concepción errónea, la cual ha sido transmitida de generación en generación, que somos capaces de controlar todo y de disponer de absolutamente todo sin darle consideración a una fuerza que olvidamos existía: la naturaleza. Durante siglos hemos arrasado con paisajes y ecosistemas, durante siglos hemos querido demostrar nuestra superioridad como especie. Desde que la primera revolución industrial tocó nuestras vidas, nos hemos dedicado a ganar espacio a la naturaleza y a cortar su evolución normal. Es así, pues, como los seres humanos hemos llegado a este instante de la historia: el caos ecológico.

Hoy en día hemos llegado al desequilibrio natural gracias a nosotros mismos. Ahora bien, este desequilibrio ecológico se ha dado por diferentes factores, de los cuales solo tocaremos uno: la deforestación de los bosques tropicales. Considero, y es una opinión realmente personal, que este tema es el más importante en cuanto a los daños ecológicos ejecutados por los seres humanos.

Los bosques tropicales son de gran importancia para el mundo debido a la gran cantidad de vida que albergan. Estos contienen el 70% de las especies del mundo (entre flora y fauna). Por otro lado, los bosques tropicales son aquellos que “influyen en el clima local y probablemente en el mundial. Moderan la gama diurna de temperaturas del aire y mantienen los niveles de humedad atmosférica, absorben el carbono de la atmósfera y reponen el oxígeno en el aire que respiramos. (…) Los bosques regulan el caudal de los cursos de agua interceptando las precipitaciones pluviales, absorbiendo el agua del suelo subyacente y liberándola gradualmente en los cursos de agua y los ríos de su cuenca, minimizando así tanto las inundaciones aguas abajo como las condiciones de sequía. La cubierta forestal conserva la humedad del suelo, proporcionando la sombra que reduce la pérdida por evaporación causada por el intercambio de energía radiante con la atmósfera. Las raíces de los árboles mejoran la porosidad del suelo, reducen la compactación y facilitan la infiltración. Los árboles actúan como barreras contra el viento, reduciendo la fuerza de desecación y erosión de este último en el nivel del suelo.”

Sin embargo, este recurso tan importante desde 1950, cuando las primeras maquinarias pesadas fueron creadas, comenzó a ser deforestado cada vez con mayor fuerza. Así, poco a poco, los humanos empezamos a arrasar con hectáreas de bosques, debido a una creencia equívoca de que “mientras más árboles haya en un lugar más fértil es la zona”. Además, y para empeorar las cosas, el tipo de extracción que se ha realizado ha sido de tipo primario, es decir, extraer sin reponer. Pero lo peor de todo, es que la deforestación no ha sido regular sino, mas bien, todo lo contrario.

“Entre 1850 y 1980 se taló el 15 por ciento de los bosques y tierras boscosas del mundo (Rowe y col., 1992). El área forestal mundial tiene ahora 3.500 millones de hectáreas menos como consecuencia de la explotación humana, la mayor parte de la cual tuvo lugar en la última mitad del siglo veinte (FAO, 1997).”

Esta información es un tanto desactualizada pero la he escogido, porque nos muestra como desde esta época, con un crecimiento en la tala de bosques, éramos inconscientes ante el daño que hacíamos.

CONSECUENCIAS…

Pero, no solo se trata de ver como hemos ido talando indiscriminadamente aquellos bosques, sino se trata de ver como es que esto nos afecta realmente y nos está afectando. No es solo saber que debemos dejar de talar porque sí, sino también es bueno saber qué hemos causado con nuestra imprudencia.

Las consecuencias de la deforestación las podemos dividir en tres partes: consecuencias sociales, económicas y ecológicas.

En cuanto a las consecuencias sociales, encontramos que las comunidades indígenas que habitan esta parte de las tierras mundiales, se ven afectadas por la introducción de extraños extranjeros a sus tierras, quienes no solo entran a cambiar costumbres y a “occidentalizarlos” sino que también entran para talar, destruyendo, así, los hábitat a los cuales estas comunidades estaban acostumbradas. Por otro lado, se ve afectado el recurso agua el cual llega a faltarles a estas personas y esto causa, a su vez, enfermedades con las que, tal vez, estas tribus no se habían enfrentado anteriormente.

Las consecuencias económicas, personalmente, no resultan tan controversiales como las sociales y ecológicas, ya que, hablando en términos numéricos, se llega a perder 45 mil millones de dólares en capital forestal. Pero considero que esta cifra no se compara con los daños hacia las personas que resultan perturbadas en su propia cultura y comunidad, así como tampoco se compara con el daño ecológico que ocasiona.

Finalmente, se encuentran las consecuencias ecológicas. En esta parte hay que detenerse un tiempo considerable, ya que no estamos hablando de cualquier cosa en este ámbito. Aquí encontramos dos grandes problemas a causa de la deforestación. Encontramos la eliminación de biodiversidad, es decir, de especies naturales (muchas de las cuales llegan a extinguirse antes de ser siquiera registradas científicamente) y de ecosistemas naturales importantes.

Por otro lado, el calentamiento global también es un problema muy grave dentro de este tema. Para ser más concretos y más específicos, el calentamiento global es el aumento de temperatura en la atmósfera debido a gases invernaderos y a la acción humana. Esto se da por un aumento de dióxido de carbono (CO2), lo cual ha ayudado a que el efecto invernadero sea cada vez más fuerte. Las consecuencias negativas del calentamiento global pueden llegar a ser muy peligrosas para el equilibrio ecológico y biológico del planeta (en este rango estamos incluidos los humanos). La deforestación contribuye con el calentamiento global, ya que los bosques tropicales son los encargados del enfriamiento y estabilización de la temperatura. Esto se debe a que los bosques absorben el dióxido de carbono para convertirlo en oxigeno y limpiar la atmósfera. Además, absorben la energía de los vientos fuertes o huracanados para evitar desastres como los últimos acontecimientos. Al no existir estos bosques, el dióxido de carbono no puede ser eliminado de manera efectiva y ahí es donde se genera el aumento del mismo, lo que produce una capa de contaminación que evita la salida de los rayos ultravioletas de la atmósfera. En cuanto al ámbito regional, se produce un cambio de temperatura que se ve reflejado en un clima mas caliente y seco.

Las consecuencias a largo plazo de la deforestación se ven en que al talar estas zonas y al quemarlas, se produce una exposición al sol tropical y a las lluvias torrenciales. Además, esto afecta “negativamente el suelo al aumentar su compactación, reducir su material orgánico, lavar los pocos nutrientes de que dispone, aumentar su toxicidad debida al aluminio, haciéndola marginal para la agricultura.”

La degradación de los suelos tiene como consecuencia la desedificación en casos muy extremos. Esto afecta entre 3.000 y 3.500 millones de hectáreas (esto es más o menos ¼ de la superficie terrestre), además amenaza los medios de vida de 900 millones de personas en 100 países en vías de “desarrollo”. Esta desertificación se da por el mal uso de los suelos (uso no sostenible) y por la variación climática que se produce en la zona.

Otro problema que radica de este punto, es que al no existir las cuencas cubiertas de flora, se produce la incapacidad de controlar los causes de los ríos y se fomenta, así, el desborde de los ríos en épocas de lluvia intensa. Por esto se produce la perdida del recurso agua, esto “implica un grave peligro a la salud, en términos deficiente eliminación de aguas negras, pobre higiene personal y la falta de agua potable. La seguridad alimenticia se ve amenazada por la falta de agua para irrigación”. Y, finalmente, se ve afectado el lado pesquero, tanto de agua dulce como salada, por la cantidad de sedimentación que trasporta el río. Así llegamos al punto que “para el año 2050, 2.000 millones de personas o sea el 20 por ciento de la población mundial, sufrirá escasez de agua (WRI, 1994). La mayor parte de ellas vivirá en los países en vías de desarrollo. “

Entonces, es hora que los hombres tomemos conciencia y dejemos de creernos superiores cuando en realidad no lo somos, ya es tiempo de hacer un cambio en nuestras vidas y dejar de contaminar indiscriminadamente el medio ambiente, porque si no lo hacemos ahora será demasiado tarde para hacerlo. Es tiempo de saber que todo lo que hacemos tiene consecuencias, esto ya no es un refrán más es una realidad… una realidad de hoy, de ahora, que tenemos y debemos cambiar. Ya no tenemos más tiempo para reaccionar o para darnos el lujo de reaccionar mañana, o ¿será que estamos esperando tener que comprar oxigeno para tomar conciencia de lo que hemos hecho? Considero conveniente que esto no solo radica en los gobiernos de los países que más contaminan el mundo, se trata de un ejercicio colectivo, de un movimiento mundial, de una reacción individual y colectiva a la vez, se trata de decir BASTA! Se trata de respetar de una buena vez a la naturaleza.

Nota: los datos de este artículo han sido extraídos de las siguientes direcciones electrónicas:

http://www.rcfa-cfan.org/spanish/s.issues.12-2.html

http://www.ecoportal.net/temas/deforestacion.htm


Regresar




Nombre
Dirección de Correo Electrónico
Lugar
Numero Telefonico [opcional]
Comentario